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Por: Nelson Armesto Echavez
Hoy quiero referirme a un tema casi que intocable para los grandes defensores de nuestro folclor, como en efecto lo es, los festivales vallenatos, un evento que más que una oportunidad para mostrar talento, es un auténtico castrador de sueños e ilusiones. Son muchos los ilusos que llegan a cuanto festival se organiza en el país, con la ilusión viva de figurar en el cuadro de honor de los llamados finalistas, bien sea por talentosos en la piquería, el canto, la composición, el instrumento, o porque cree que el cuento motivador aún es como se lo cuentan.Verseadores vallenatos Hemos sido testigos presenciales en tantos festivales, del hambre que pasan muchos de estos concursantes que se desplazan de una población a otra, cargando con una maleta llena de ilusiones esperando regresar a casa con por lo menos, algo de dinero para pagar la deuda, o para llevarle el regalito que le ofreció a sus hijos.
Muchos no tienen dónde alojarse cuando llegan a engrosar la lista de los concursantes que de relleno acuden a los festivales, y esperan ganarse algún premio para solventar en algo el hambre traumática que se convierta en compañera durante los días que dura el festival. También hemos sido testigos del contraste con lo anterior, o sea, cuando llegan los poderosos festivaleros, reyes en las diferentes categorías o también, finalistas por tradición en estos eventos folclóricos.Vallenatos Son recibidos con trato especial por la organización del certamen, les dan un trato endiosado y les sobra atención.
Son ellos, los llamados siempre a subir a la tarima para disputar la final, no importa si se equivocaron en el verso, no importa si su acordeón tiene partido unos cuantos pitos, no importa si su canción tiene todo menos el requisito para convertirse en una canción vallenata, no importa si suben borrachos a la tarima, ellos siempre estarán ahí, en la gran final, dizque porque son el caché del festival.
También hemos sido testigos de la imposición de jurados, elementos inertes que se atreven a calificar lo que nunca han hecho, entonces vemos a un reconocido médico del pueblo calificando a un acordeonista, solo porque es un profesional de la medicina, en fin, son píldoras corruptas que aparecen ahí, para cumplir la promesa a ese a quien se le prometió que si participaba, con seguridad estaría entre los tres finalistas, entre esos tres que se reparten los premios en todos los festivales, eso sí, con el compromiso de pasar la tajadita a ese miembro del jurado, o a uno de los organizadores del corrupto evento.
Ya se habla descaradamente del llamado paquete festivalero, el cual consiste en que un mercader del folclor, se compromete con X ó Y organización de un festival, a llevarle concursantes de renombre por determinado dinero o con el compromiso de darle el poder para repartir los tres primeros puestos en cada categoría. Y sucede más que todo en los festivales del interior del país, en esos pueblos y municipios, cuyos organizadores y población creen, que para ser buena materia de la música vernácula nuestra, hay que ser nacido en Valledupar, territorio que menos talento vallenato le aporta a nuestro folclor.
Y como dijeron por ahí, si no me creen, busquen un metro y midan. Muchos festivales están perdiendo credibilidad, la falta de concursante es evidente, por ejemplo, ya en Barrancabermeja no se inscriben más de 6 concursantes en la piquería como ocurría hace unas décadas atrás, y no lo hacen, porque ya los puestos finalistas van designados desde Valledupar, y en el mismo Valledupar se escuchan voces como estas: “Ve, y yo que voy a buscar allá, si ya todo eso lo arregló fulano de tal con fulano allá”.
Y por el mismo camino va un gran festival como el de Nobsa Boyacá, donde el descaro se vio el año anterior, donde una mafia vallenata establecida allá, empañó la gran final de un evento todavía bonito realizado en tierras boyacenses. Con esto no estamos haciendo votos a la santidad, solo queremos que se juegue limpio, que lo que es igual no es ventaja para nadie.
Queremos también, que si usted que está leyendo esta columna vallenata, es o ha sido jurado en algún festival, o si es organizador de uno de estos eventos, reflexione. Sus actitudes corruptas castran el sueño y la ilusión de muchos, piense en ese mal vestido que llega de lejos porque tiene el talento suficiente para ganarse un festival en la categoría que se inscribió, y usted se lo castra para favorecer el nombre de los famosos de siempre que llegan a los festivales con la repetición de la repetidera.
Foto del pilon.
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